La Virgen de Tintoc o Tintoque. 2ª Parte.

En los tiempos de…

Al desaparecer Tintoque, la virgen fue trasladada a Santiago Temichoque hoy Valle de Banderas. La tradición oral conservó este suceso en el siguiente relato:

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Cuando Tintoque desapareció, la Virgen del Rosario fue traída al Valle de Banderas. Para entonces Tintoque había dejado de ser un pueblo de pescadores de perlas y caracol de tinte. Se vivía con muchas penalidades por ser el clima caliente y no haber agua para regar los sembradíos. Además, el lugar estaba a merced de los piratas, que le habían prendido fuego varias veces para robar sus perlas.

La última en habitar Tintoque fue la tenanchi, la cuidandera del templo. Se dice que ya muy anciana y presintiendo su muerte, decidió sacar a la virgen de aquel lugar desolado. Y una mañana, la anciana cargó la imagen y caminó tres leguas hasta Santiago Temichoque, donde la dejó al resguardo del templo; luego regresó a Tintoque para esperar la muerte.    

La primera noche que la virgen debió pasar en Temichoque, desapareció misteriosamente. Por la mañana sólo encontraron el nicho vacío y las huellas de unos pies diminutos pintadas en el polvo. Asombrados por el suceso, los habitantes siguieron aquel rastro que los llevó a Tintoque, llevándose la sorpresa de que la virgen estaba ahí, haciéndole compañía a la anciana moribunda.

La vieja tenanchi explicó que la había sentido llegar de madrugada, y con lágrimas en los ojos les pidió se la llevaran de nuevo porque su fin estaba cerca. Pero cuando intentaron hacerlo, la virgen se hizo tan pesada, que ni cuatro hombres fuertes pudieron levantarla. Entonces decidieron llevarse a la anciana para que la acompañara y sólo así pudieron despegar a la virgen del suelo

La anciana murió y está enterrada en el panteón de este lugar. La Virgen de Tintoque se quedó desde entonces aquí, en el pueblo de Valle de Banderas, que antiguamente se llamó Santiago Temichoque. 

La fama y milagros de la Virgen de Tintoque fue conocida desde Las Varas hasta Tomatlán. El cronista José Durán refiere que en tiempos difíciles, la virgen era resguardada en San Sebastián del Oeste y que desde allá se le traía en procesión a los pueblos y rancherías de la costa. Debe ser verdad, porque aún se recuerda que la fiesta más concurrida en la región hasta 1950, fue la del 2 de febrero en honor a esta virgen.    

Fecha de celebración

En el siglo XVI, San Pío V decretó su fecha de celebración el 7 de octubre, aniversario de la victoria en la Batalla de Lepanto; el triunfo de cristianos contra moros fue atribuido a la Virgen del Rosario. Antiguamente la celebración de la Virgen de Tintoque debió haber sido en esta fecha, pero cambió con los años. En un informe de 1882, el presbítero José María Salazar declaró haber celebrado ceremonias solemnes en su honor el 9 de abril.

Pero el cambio más significativo fue el traslado de la fecha al 2 de febrero, día de la Candelaria. Sin duda esta decisión tuvo que ver con el cultivo del tabaco, que por más de medio siglo alcanzó gran importancia. En 1906 el pueblo de Valle de Banderas fue elevado a la categoría de subprefectura política por ser la zona tabacalera más importante de Nayarit. La producción del Estado en 1920, se calculó en 30 mil cargas de las cuales un 25% provenía de las haciendas de la comarca. Hacia 1950, el tabaco era la fuente principal de riqueza en la región.

Resulta significativo que la labranza del tabaco iniciara pasando la fiesta del 2 de febrero. En el pueblo de Valle de Banderas, sólo se esperaba la bendición de la última misa o la quema del castillo para salir la misma noche rumbo a los potreros de La Isla, El Jazmín y El Corral Solo. Los de Las Palmas, El Colomo y San Juan de Abajo, se concentraban en La Mata de Bule. Contaban los mayores que se cargaba un carretón con tilichis, gallinas, chiquillos y hasta la jaula del perico. La escuela se cerraba durante esos meses y los pueblos se quedaban sin alma alguna. Toda la gente se iba a vivir a las plantaciones donde se hacían fiestas, había tiendas, pasaban cine, llegaban los vendedores con petacas llenas de pan, carne y otras cosas. De aquella manera iniciaba la labranza del tabaco, inmediatamente después de la fiesta del 2 de febrero y de recibir la bendición de la Virgen de Tintoque para la buena cosecha.