Mejora tu memoria ¡sin mover un solo dedo!

Aunque ya no estemos en la escuela, en la vida laboral no estamos exentas de las pruebas, o cursos que pongan a prueba nuestra memoria. Si eres de las que repasan una y otra vez para aprender un apunte por completo, tenemos que compartirte un secreto.

Todo lo que necesitas es simplemente tomarte una pausa para no hacer nada. Nadita de nada. Si ya estudiaste por un rato, apaga la luz, relájate y disfruta de 10 a 15 minutos en silencio. Ese momento que pases a solas te servirá para asimilar lo que acabas de leer.

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Este método es llamado “Interferencia mínima” y se recomienda tomarse cerca de veinte minutos por cada una hora de estudio, pero ¡aguas! , porque cuando te recomendamos “no hacer nada”, es literalmente no hacer nada.

No revises el celular, ni respondas mails, porque estas actividades por pequeñas que sean pueden interrumpir el proceso de formación de recuerdos.

Experimentos que comprobaron el poder del descaso por primera vez

En 1900, el psicólogo alemán Georg Elias Muller y su alumno Alfons Pilzecker reunieron a un grupo de niños y les pidieron que aprendieran una lista de sílabas sin significado. A la mitad de los pequeños les pidieron que repasaran el contenido de una segunda lista, mientras que la otra pudo descansar seis minutos antes de iniciar la actividad.

Los que se tomaron el receso recordaron cerca del 50% de la lista, mientras que los otros solo un 28%.

Esto comprobaría que nuestra memoria de información recién aprendida es frágil y es susceptible de sufrir interferencias si recibimos nuevos datos.

 

10 actividades para mantener la lucidez a pesar de los años

 

  1. Practicar sistemáticamente el recuerdo de lo aprendido. Este es un proceso activo que no solo sirve para evaluar lo aprendido sino también para seguir aprendiendo, ya que se descubrirán otros aspectos de la misma materia.
  2. Guiar el aprendizaje con preguntas. Lo que se obtiene es memoria a largo plazo y funciona mucho mejor que estar repitiendo la materia en forma casi inconsciente. Además, será importante no solo hacerlo en forma oral sino que también escribir y redactar las respuestas.
  3. Determinar la mejor hora del día para aprender. Los ciclos circadianos son de vital importancia. Para determinarlos, basta con poner atención a qué hora del día uno se siente más despierto y con mayor capacidad de atención y actividad.
  4. “Memoria de trabajo”. Es una función cerebral para aprender y adquirir nuevos conocimientos y habilidades y está muy relacionada con la inteligencia fluida, la capacidad de razonar y resolver problemas nuevos con independencia del conocimiento previamente adquirido.
  5. La lectura. Para Morgado, es la actividad intelectual que mayor potencia tiene sobre las capacidades mentales. “Al leer se requiere poner en juego un importante número de procesos mentales, entre los que destacan la percepción, la memoria y el razonamiento. El libro es un gimnasio asequible y barato para la mente y debería incluirse por ello en la educación desde la más temprana infancia y mantenerse hasta la vejez”, enfatiza.
  6. Deporte y actividades físicas. Es la actividad más efectiva porque actúa directamente en el cerebro y las neuronas promoviendo y aumentando la cantidad de sustancias neurotróficas, como el BDNF, que incrementan la plasticidad sináptica, la neurogénesis y la vascularización del cerebro. Es decir, actúa como un desengrasante del cerebro.
  7. Potenciar el error de la predicción. Se hace para facilitar el aprendizaje y consiste en asociar lo que se quiere recordar a un estímulo emocional.
  8. La actividad intelectual a lo largo de la vida. Sirve para aumentar la memoria de la vejez y se ve potenciada con la lectura, escritura y la participación en cualquier actividad que estimule el cerebro. La idea es disminuir las consecuencias negativas del envejecimiento. “Cuanto antes empecemos, ¡mejor!”, anima el catedrático español.
  9. Aprender otro idioma. Se recomienda partir en la infancia temprana porque otorga importantes ventajas a la hora de aprender y formar memorias consistentes. Pero también ayuda a tener mayor capacidad de cognición ejecutiva, es decir, de ejecución mental y se protegería contra la neurodegeneración en la vejez.
  10. Un poco de estrés. Las situaciones emocionales y estresantes activan el sistema nervioso y el endocrino. “Las hormonas, como la adrenalina, la noradrelina y los glucocorticoides, liberadas en la sangre de las personas en situaciones emocionales o de estrés moderado pueden contribuir también a la facilitación tanto de memorias implícitas como explícitas”, explica el experto. No obstante, distingue que el estrés crónico junto con la elevada y persistente concentración de glucocorticoides en la sangre, provocan muerte neuronal y pérdida de espinas dentríticas en las neuronas de la corteza cerebral, lo cual dificultan considerablemente el aprendizaje y la memoria.

Dicen los expertos que, así como ejercitamos los músculos, debemos de hacer lo mismo con el cerebro.

 

 

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